¡Ojito con el cierre!
Bueno, a lo tonto, ya hemos terminado con el cierre del año 2011. Con todas sus implicaciones: recopila facturas, revisa cuentas, viajes a la asesoría, justificaciones a los socios e inversores.. ¿Emocionante? ¡Más vale que ha pasado enero ya!
En los departamentos financieros de las empresas de gran tamaño, esta es la época de mayor revuelo: la parte más dura es cuadrar bien las cuentas, presentar los impuestos a tiempo y dar una cifra fiable (qué tiempos aquellos…).
Ahora todo esto pasa a segundo plano y la premisa más importante es la de que la contabilidad represente fielmente la realidad de la empresa. Vaya por delante que nosotros debemos pasar una auditoría financiera todos los años (pequeños inconvenientes del Capital Riesgo, del que hablaré más adelante), por lo que todavía debemos ser más exhaustivos.
Cuando eres una empresa de reciente creación y/o pequeño tamaño como la nuestra y que además destina una buena parte de sus recursos a I+D+i, la justificación de gastos se complica: no sólo la activación de los mismos debe ser respaldada con proyectos y ventas sino que además la justificación de horas implica un control fiable de las mismas. Y todo ello sólo puede hacerse si ya tienes implementada una herramienta de control, cosa que en empresas como la nuestra no es del todo común.
¿Y todo esto para qué? Uno, para dar tranquilidad a los inversores: cuanto más tranquilos estén, menos guerra dan! Así que todo claro y cristalino. Dos, para que los bancos nos renueven el crédito: un informe de auditoría negativo o un menor beneficio por no poder justificar ingresos minan la credibilidad ante nuestra querida banca. Y a ver quien tiene los arrestos de reducir tesorería con la que está cayendo..
¿Compensa todo este trabajo? Sinceramente.. sí. Una buena parte de la “tranquilidad financiera” del año siguiente depende de cómo se acabe el anterior. Y unas cuentas claras son lo que nos va a permitir hacer unas previsiones fiables que, con la que está cayendo, nos van a ayudar enormemente a afinar el control presupuestario.
Así que.. ¡trabajo hecho! Y a pagar los impuestos, que hay que cumplir con hacienda.
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